La búsqueda de nuevos proyectos ha llevado a las constructoras europeas a establecer sus negocios en países con inestabilidad política, donde no se puede predecir el comportamiento de sus gobiernos. El éxito de estos proyectos depende de una óptima estrategia en la gestión del riesgo y un correcto asesoramiento de las circunstancias especiales de cada país.

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